LA MESTA




Con la llegada de los visigodos a tierras hispanas en el siglo V, el campo extremeño, que con los romanos se había dedicado preferentemente a la agricultura, comienza a hacerse ganadero y trashumante.
La trashumancia consiste en trasladar los rebaños de unos lugares a otros, siempre buscando los mejores pastos y una climatología benigna.

La Mesta fue fundada por el rey Alfonso X para defender y potenciar esta trashumancia del ganado, predominantemente ovino. Fue este rey el que estableció toda una red de cañadas, cordeles y veredas que unían las tierras del norte de la Península con las del sur.

Las cañadas estaban controladas por los entregadores de La Mesta, funcionarios encargados de inspeccionar que los abrevaderos y descansaderos estuviesen en perfecto estado, y de que los caminos tuviesen la anchura apropiada y no fuesen ocupados por los agricultores.
Además de controladores, había alcaldes de Mesta, de corral y de cuadrillas, elegidos cada cuatro años y que hacían las funciones de policías.
El jefe supremo de todos estos funcionarios mesteños era el Presidente del Honrado Concejo de La Mesta, por encima del cual únicamente estaba el rey.

Cada año se celebraban dos Juntas ganaderas o asambleas, una en septiembre, en los pastos de verano; y otra en enero, en los pastos del sur. Sus participantes eran los dueños del ganado (la Nobleza y la Iglesia), los funcionarios de La Mesta y los pastores. En Extremadura hubo asambleas en Villanueva de la Serena, Don Benito, Guadalupe y Siruela. En estas Juntas se contrataba a los pastores, se llevaba un control de las marcas del ganado y se juzgaba a los que se habían apropiado del ganado descarriado.

Las reuniones se celebraban en la iglesia de la localidad o, si el tiempo acompañaba, en campo abierto. Estos 20 días eran muy importantes para el pueblo en el que se celebraba la asamblea, pues durante ellos el comercio aumentaba y había fiestas para entretener a los habitantes del pueblo y a los forasteros.